Después de cuatro años viviendo en Munich, Betiana Felice ya está bastante habituada al estilo de vida bávaro, aunque de vez en cuando la espontaneidad propia de su tucumanidad sigue chocando de frente con las férreas estructuras de la cultura alemana. Como le pasó hace un par de meses, cuando se enteró de que para poder jugar como solía hacerlo en el “fulbito” de los jueves con sus amigas del equipo “Vendetta” en alguna cancha alquilada de Tucumán debía ser fichada por algún club de la Liga Bávara, y para ello primero iba a tener que federarse en la AFA -sin haber jugado en ningún club- a fin de tener un pase que transferir. Porque en Alemania no se juega para pasar el rato: se juega para competir.

“Es una situación realmente insólita que te pinta lo que es la burocracia alemana. Porque a mí nunca me enloqueció el fútbol; en Tucumán lo jugaba para divertirme con mis amigas nomás, y como soy mala pero alta iba siempre de arquera porque cubría mejor el arco. Y acá en Munich, lo mismo: el fútbol era una forma de hacer amigas nuevas, pero no pensaba que iba a ser tan engorroso estar habilitada para jugar. Es todo tan distinto a como son las cosas en Argentina que hasta resulta gracioso”, cuenta.

La historia es así: luego de un infructuoso intento de acostumbrar a Tucumán al alemán con el que está en pareja desde hace ocho años, Betiana se mudó en 2017 a Munich, una ciudad elegante y con espíritu festivo (allí se realiza todos los años el célebre Oktoberfest), pero en la que se le complicó trabar amistad con gente que compartiera su cultura latina e idioma nativo. “Mi vida social era como un pinball, tenía amigos de acá y allá, pero siempre estaban de paso. Y hace un tiempo, una amiga peruana de mi novio Cristian le comentó que había un grupo de argentinas que se juntaba a jugar al fútbol y que tenían muy buena onda. Me llegué a ver un entrenamiento, para ver qué tal”, relata.

Así fue como Betiana conoció al equipo femenino del Centro Argentino de Munich (CAM), fundado en 1974 con el fin de propagar la tradición y modo de vida argentino, así como de facilitar la integración social de los argentinos que residen en la República Federal Alemana. A Betiana le encantó el ambiente de camaradería con el que se encontró, así que no dudó en sumarse al equipo. El tema es que de ahí a poder jugar había un trecho largo...

Refuerzo alemán

En Alemania no es cuestión de ponerse los cortos y entrar a jugar así como así. Esa informalidad no encaja en la forma germana de hacer las cosas. “El DT me dio unos papeles para llenar y me explicó que está prohibido jugar si no estás fichada en algún club, por más que seas amateur. Y como no soy alemana, tenía que federarme primero en la AFA para que la Liga Bávara en la que compite el CAM pudiera pedir mi pase. Lo más gracioso es que en la ficha de la AFA tenía que declarar los equipos en los que había jugado, y el único era ‘Vendetta’, así que puse ese. Después de verificar que no había jugado en ningún equipo profesional de Argentina, se hizo el pase y me convertí en jugadora de la Liga Bávara de Fútbol. Me da mucha gracia que yo, arquera de un equipo de amigas que se juntaba los jueves a jugar por tontear, fui transferida al fútbol alemán”, confiesa Betiana.

Es tan en serio el fútbol amateur que hasta se publican las formaciones antes de los partidos, goles, cambios, tarjetas y demás incidencias de cada partido. “Y tampoco es que podés entrar a jugar con cualquier remera. Tiene que ser camiseta con número. Y a los partidos los vamos transmitiendo por el Instagram del CAM. Los entrenamientos también son posta, con ejercicios físicos y tácticos”, describe la flamante refuerzo del equipo. “Es increíble el nivel de los equipos femeninos acá. Al principio perdíamos por un montón de goles de diferencia, pero gracias a los entrenadores, que son jugadores del equipo masculino del CAM, hemos mejorado mucho. El día de mi debut perdimos solo 3-1, je”, cuenta la tucumana.

Este fin de semana, las chicas del CAM debutaron en la Pokal, el equivalente a la Copa Argentina, en la que se cruzan equipos de cualquier categoría, por lo que cabía la posibilidad de tener que enfrentar incluso al todopoderoso Bayern Munich. “No fue el caso, pero igual, nos tocó un equipo que nos ganó 13-0. En un momento tenía ganas de aplaudir a la 10 de ellas. Era Maradona, un placer verla jugar”, cuenta Betiana, que lo sufrió desde afuera porque admite que aún no está para ser titular.

No obstante, aclara que el verdadero objetivo del CAM no es deportivo sino social: “de hecho, un tercio del equipo son chicas de otros países, como Perú, Colombia, México o España. Pero todas jugamos para Argentina. Y aunque nos tomamos el tema muy en serio, porque el nivel es muy alto, siempre estamos haciendo asados, choripaneadas y cumpleaños, porque el verdadero objetivo es pasarla bien”.